Mostrando entradas con la etiqueta ❝Ogiladas❞ (Mis anécdotas). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ❝Ogiladas❞ (Mis anécdotas). Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de octubre de 2012

¡Deje así!...
Mi médico de cabecera, casado con una pediatra, tiene mellizos de cinco años. Uno de los chicos amaneció un día con el penecito endurecido, y –muy asustado– le dice  a la mamá: 
—¡Maaa-mi, maaa-mi!… ¡se me puuu-sió duuu-lo, duuuuu-lo! 
La médica –para tranquilizarlo– le explica: 
—No te preocupes, hijo. Lo que sucede es que el pene tiene dos cuerpos cavernosos o cámaras a las que –a veces– les llega sangre que lo hace agrandar y ponerse firme. Pero... no te asustes, mi amor. Eso es pasajero, y…  ¡rápido se te cae! 
Y el chino le dice: 
—¡Nooo…, maaa-mi! Es que... ¡yo no quieee-lo que se me caaai-ga…!  
* * *

martes, 30 de junio de 2009

La dulzura de los hijos...



Mientras yo empacaba maletas para un viaje de trabajo, mi hijo de tres años estaba encantado jugando en la cama. En un momento me dijo:
—¡Mila e’to, papi! –y paró dos deditos de su mano.
Tratando de entretenerlo, le cogí los deditos, me los metí a la boca, y le dije:
—¡Me voy a co-mer es-tos de-diiiii-tos...! –y, dramatizando que me los tragaba, salí del cuarto.
Cuando regresé, mi hijo estaba parado en la cama mirándose con expresión de asombro los deditos que yo –lleno de ternura– había humedecido con los labios; por lo que le pregunté:
—¿Qué pasa, hijito?
Y me respondió:
—¡Papi, papi!, ¿qué she hizho mi moquito, ahhh…?
* * *

sábado, 28 de marzo de 2009

Como por entre un tubo...


Cuando los televisores eran fabricados con tubos, un día que estaba cansado de que mi esposa y mis hijos vieran tanta basura, opté por retirarles (a escondidas) uno de ellos al aparato. Me llevé el adminículo para la oficina, y cuando regresé encontré a mi señora y a los muchachos parqueados viendo su programa favorito. Muy sorprendido, les pregunté cómo era que veían televisión si –al parecer– el aparato estaba dañado. Mi esposa corrió a responderme: “¡Sí, mijo!, pero... ¡yo le pagué 100 mil pesos a un técnico para que nos lo arreglara!”.
* * *